¿Qué son las azoteas verdes?

¡Las azoteas verdes!

Una nueva forma de mejorar la calidad del aire y los espacios urbanos. Entérate…

Con el crecimiento de desarrollos habitacionales, complejos industriales o de negocios y el aumento de los espacios con asfalto, ha disminuido considerablemente la extensión de las áreas verdes en las grandes ciudades.

Como una alternativa sustentable para afrontar esta situación y mejorar la calidad del aire y de los espacios urbanos, algunos particulares y también empresas han adoptado las llamadas azoteas verdes. En ellas, se transforma el área superior de los edificios en espacios con vegetación natural.

Prácticamente todos los techos son candidatos a ser transformados, hasta los que tienen un 40% de inclinación y una antiguedad de vida de 20 ó 30 años. El proceso consiste en cubrir con impermeabilizante plástico el suela de la azotea, para evitar el paso de las raices y del agua. En vez de tierra, se utiliza una mezcla de materiales ligeros y porosos como la piedra pómez, tezontle y materiales orgánicos que retienen la humedad. Por último se colocan las plantas.

El establecimiento de azoteas verdes permite la retención de contaminantes que son absorbidos por las plantas, lo que permite la depuración y limpieza del aire, el aprovechamiento del agua de lluvia y elevar el nivel de humedad de la atmósfera.

Además de los beneficios ecológicos, el tener un espacio verde en los techos, proporciona una cualidad térmica a las viviendas u oficinas al evitar impactos de temperaturas extremas, lo que contribuye a disminuir el uso de energía consumida por aparatos de calefacción o de aire acondicionado, lo que se traduce en un aislamiento acústico y ahorro de energía.

Ayudemos al Planeta!

Todos podemos contribuir a cuidar el planeta. Cada acción positiva que realicemos,  por pequeña que sea, tiene una reacción que favorece la conservación y mejora de nuestro entorno. Si actuamos hoy, construiremos el mañana y sumando esfuerzos lograremos que sea mejor.

 

Hongo chileno produce diésel!

Hongo del ulmo chileno produce diésel

El microscópico hongo Glioclaium roseum, que vive en los bosques del sur de Chile, podría transformarse en un actor clave en la producción de biocombustibles. Tras aislar una muestra obtenida en ese país hace siete años, el botánico estadounidense Gary Strobel descubrió que el G. roseum es capaz de producir un compuesto muy parecido al diésel. Su estudio aparece hoy en la revista “Microbiology”. (Fuente: emol).

Aunque Strobel trabaja en la ciudad de Montana, pasa la mayor parte de su tiempo viajando por el mundo en busca de microorganismos que viven en las plantas. En una de sus incursiones científicas ya había descubierto en Honduras otro hongo que produce un gas letal para otros hongos.

Expedición a Chile

Strobel llegó a Chile hace siete años sin conocer a ningún otro científico. Era su trabajo personal, contó ayer a “El Mercurio”. “No tenía idea lo que hiba a encontrar. Ya había visitado lugares como Australia, China, Indonesia, Nueva Zelandia y Madagascar. Necesitaba ver en un bosque templado lo que había”.

Una de sus inquietudes era encontrar algún hongo parecido al de Honduras. Cuando analizaba las muestras recolectadas en Chile, comprobó que eran diferentes. Pero le aguardaba una sorpresa: al analizar el G. roseum de un trozo de ulmo (Eucryphia) que había colectado en Puerto Mott encontró que producía gases. “Era como los gases del diésel, una gran sorpresa”, relató.

Reconoce que esto es sólo el comienzo. Será un largo proceso conseguir un producto comercial. “Pero lo que resulta más prometedor es que no hemos encontrado ningún organismo en la Tierra que haga lo mismo que este, un hongo que produce una larga cadena de hidrocarburos”. Ya le puso un nombre: “Mycodiesel”, de “myces”, hongo en griego.

Admite que aunque el G. Roseum es común, la genética de esta muestra es diferente y podría tratarse de otro hongo del ulmo.

Sería fantástico, dice, si algún científico chileno se suma al proyecto, en el que está embarcado también con su hijo, titular del Departamento de Biofísica Molecular de la Universidad de Yale. “Las grandes islas que se agolpan en el borde costero de Chile están repletas de biodiversidad. Estoy seguro que si sus biólogos, bioquímicos y microbiólogos comenzaran a mirar sus bosques darían con microorganismos que podrían ayudar a resolver problemas de la medicina, la agricultura y la energía”.

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